La Huerta al Barrio

Equipo: Laura Sáenz, Marco Arturo Muñoz, Ensamble de Arquitectura Integral (Juan Pablo Pardo, David Moreno, Simón Fique)
Descripción de la propuesta

La propuesta parte de reconocer el espacio público (EP) como escenario de seguridad sanitaria, cuidado colectivo, productividad y aprendizaje en sectores vulnerables, haciendo uso de áreas de EP inmediato subutilizadas. Mediante alianzas con huertas urbanas locales, se plantea la construcción y operación de un dispositivo de mobiliario urbano agroecológico que garantice el distanciamiento físico y ofrezca distintos servicios urbanos, así como actividades pedagógicas de carácter paisajístico y productivo. Esta intervención, en conjunto con talleres pedagógicos, busca darle a la comunidad herramientas para superar la crisis de seguridad alimentaria y generar un cambio en las dinámicas de producción-consumo de alimentos. El prototipo consta de tres capas: La primera es una intervención de bajo costo en el suelo que busca garantizar el distanciamiento físico en las actividades. La segunda, de cinco piezas de mobiliario y agricultura urbana que conforman una unidad agroecológica funcional: módulo de huerta hidropónica, de compostaje, de huerta colgante, de semillero y de enredaderas. Por último, se encuentran dos cubiertas móviles que recolectan energía eléctrica y aguas lluvias y que pueden ubicarse sobre cualquiera de los módulos o en áreas libres. El conjunto conforma un sistema que, mediante diferentes disposiciones, configura distintas unidades adaptables y productivas de EP, ofreciendo servicios como electricidad, resguardo, biciparqueaderos e iluminación. El diseño de los módulos y su configuración permite el desarrollo de actividades con medidas sanitarias. Los talleres interactivos de agricultura urbana se llevarán a cabo a través de una alianza sinérgica con la huerta del barrio Alaska, “De la Huerta”. La cosecha obtenida se donará a la población más vulnerable del barrio.

Desafío

La densidad habitacional y las desigualdades socio-económicas sitúan a ciertos grupos poblacionales en una posición de mayor vulnerabilidad al momento de implementar medidas contra los efectos de la pandemia. Una de las expresiones más crudas de esta crisis es la dificultad de acceso al alimento y, en particular, a una alimentación de calidad nutricional que contribuya con la lucha contra el virus. Ante esta emergencia, las acciones del gobierno no han sido suficientes ni constantes, pues los niveles de desempleo han aumentado drásticamente y un alto porcentaje de esta población depende de actividades informales que están paralizadas. Una dramática evidencia de esto ha sido el fenómeno de las banderas rojas en las fachadas de los barrios. Por otra parte, las políticas de confinamiento han generado nuevos imaginarios sobre el espacio público (EP) que refuerzan conceptos como la inseguridad y el riesgo sanitario. El temor al contagio ha alterado el uso del EP, despojándolo de actividades de encuentro e intercambio y permitiendo únicamente la circulación. Sin embargo, el problema no reside en realizar actividades en el EP en sí, sino en el contacto directo y los desplazamientos de personas fuera de los focos de infección, pues, de hecho, en los espacios exteriores hay un menor riesgo de contagio. Entendiendo este contexto, debemos abordar la emergencia de manera integral, desde la alimentación de calidad, el cuidado colectivo a nivel barrial y la activación de nuevas dinámicas de socialización en el EP inmediato. El distanciamiento físico no puede significar un distanciamiento social. Por el contrario, debería generar comunidades locales y unidades barriales con dinámicas autosuficientes, para construir una ciudad y paisaje urbano más sustentables.

Potenciabilidad y Escalabilidad

"La administración del dispositivo piloto funcionará en alianza con la huerta “De la Huerta”, exteriorizando sus actividades y procesos agroecológicos al ámbito urbano. Esto le representará visibilidad como marca al tener un impacto local de integración social en la comunidad del barrio Alaska. Así mismo, se incrementan las posibilidades de asociación productiva y solidaria entre vecinos y la apropiación del EP inmediato a la vivienda. Sin embargo, el dispositivo piloto puede tener un carácter itinerante, lo que le permitiría, en el futuro, adaptarse a distintos espacios urbanos, y producir el mismo efecto sinérgico de activación en diferentes ubicaciones sin necesitar mayores inversiones. Por otra parte, la propuesta también puede tener un impacto a nivel ciudad en la medida que se construyan más unidades agroecológicas de EP y se replique el proceso comunitario por medio de alianzas con líderes barriales, y la red de huertas urbanas existente en Bogotá. El plan de monitoreo para el prototipo contempla el uso de herramientas de recolección y georreferenciación como Survey123, que permite medir la diversidad de usos que genere el prototipo, número de usuarios, percepción sobre el EP, productividad y alcance pedagógico de este. Esta medición iniciará con el diseño de encuestas inteligentes sobre la experiencia del espacio donde se implantará la propuesta, levantando datos del antes y el después de acuerdo con criterios elegidos y realizando un análisis de datos para diagnosticar el impacto del prototipo en el EP. Esta información y el seguimiento por medio de herramientas digitales permitiría, a futuro, generar vínculos entre unidades barriales alrededor del intercambio de experiencias sin tener que mezclar poblaciones entre unidades de confinamiento distintas. "

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