Macro-Esquina. Un Nuevo Concepto de Patio Urbano

Equipo: Sinergia Urbana
Descripción de la propuesta

El desafío es que el espacio público sea primordial en la conformación social, resignificando los espacios concebidos como amenaza y habilitando nuevos modos de habitarlos Los impactos urbanos de una pandemia pueden verse en la inmediatez de su propagación, en el mediano y largo plazo. Nos preguntamos ¿cómo construir una nueva normalidad, una nueva forma de vivir y habitar nuestras ciudades una vez finalizadas las restricciones sanitarias? ¿Cómo (re)generar la confianza en el espacio público como lugar donde se tejen lazos sociales promoviendo nuevas pautas de cuidado? Algunas respuestas nos esperan, literalmente, a la vuelta de la esquina. Las esquinas son unidades morfológicas presentes en todas las ciudades: un lugar de encuentro entre calles y personas, de una economía espacial en términos físicos, una referencia simbólica significativa en los discursos cotidianos de la población sin importar la edad ni el nivel socioeconómico. Es en la esquina donde la perspectiva se amplía con puntos de fuga en diferentes direcciones. Durante el aislamiento las esquinas también fueron un lugar de encuentro, permanencia e interacción vecinal La MacroEsquina nace en sintonía con la conformación de macromanzanas de varias ciudades del mundo. Se configura como escenario de convivencia de escala local impulsando la confianza social en el espacio público, favoreciendo la movilidad urbana peatonal y revitalizando la actividad económica local, por ejemplo a través de carritos gastronómicos generadores de ingresos en barrios vulnerables La MacroEsquina como alternativa de recreación social, desalienta el desplazamiento hacia espacios públicos tradicionales: un paisaje urbano de esquina a esquina manteniendo distancia física y aportando una interacción sociovisual para la experiencia urbana

Desafío

La pandemia del COVID-19, junto con las medidas de aislamiento dispuestas, pusieron de manifiesto y profundizaron problemáticas acuciantes y complejas. Como profesionales del hábitat nos vemos desafiados a reformular viejas prácticas socioespaciales e incorporar nuevas dinámicas para la construcción de un hábitat urbano resiliente a escala humana y comunitaria. En América Latina y el Caribe, la región más urbanizada del planeta (UN-HÁBITAT, 2017), las grandes desigualdades sociales, económicas y ambientales se manifiestan vigorosamente en el espacio público, aquel que ha sido siempre fundamental para fortalecer la vida comunitaria, impulsar el cuidado de la salud y permitir el desarrollo económico. a escala local. En el contexto actual, se ha convertido en escenario de sentimientos de desconfianza e incertidumbre. A nivel social, la distribución inequitativa de espacios públicos de calidad obstaculiza la recomposición de los lazos comunitarios y fomenta la aglomeración. La mixtura social que habilita el espacio público, es una de las cuestiones a recuperar, aprovechando las nuevas redes de contención social que se formaron. En un contexto recesivo a nivel económico, gran cantidad de comercios se ven perjudicados, al tiempo que surgieron nuevos emprendimientos de escala familiar. A su vez, las familias de barrios vulnerables que son altamente dependientes del nivel de actividad en la ciudad formal se ven imposibilitados de generar ingresos para su subsistencia. Respecto al nivel ambiental, se observa un aumento pronunciado del uso del automóvil por razones sanitarias, en detrimento del transporte público, con la polución y contaminación sonora que esto implica. A su vez la escasez de espacios con vegetación nativa en las ciudades es una constante difícil de asimilar.

Potenciabilidad y Escalabilidad

"Las etapas del proyecto responderán a la apertura sanitaria y a la creciente confianza en el espacio público. Es flexible para integrar los aprendizajes emergentes y mejorar participativamente con los aportes de la comunidad. Se escala al incrementar la superficie de intervención, el grado de peatonalización, los usos y el nivel de apropiación de la “MacroEsquina”. Etapa 1. Las cuatro esquinas de un cruce de calles serán el espacio de intervención: señalética concisa de medidas sanitarias, equipamientos mínimos para diferentes acciones y vegetación nativa. Cuanto mayor sea la apropiación espacial-comunitaria, mayores serán los usos y su aprovechamiento, elegidos de forma participativa y con prioridad en la inclusión (esquina gastronómica, lúdica, de lectura, deportiva). Etapa 2. Cada esquina se ensanchará, permitiendo una mayor cantidad de personas, un cambio en el grado de peatonalización e impactos sobre los usos del espacio público. Las esquinas funcionarán como invitación a una mayor permanencia en el espacio público, a “bajar la velocidad” y habitar, priorizando al peatón. Proponemos una relación más sustentable entre tiempo y espacio urbano Etapa 3. Se peatonalizará completamente el cruce de calles y las cuatro esquinas intervenidas generando la “MacroEsquina”, lo que dará máxima prioridad al peatón. La idea es transformar la forma en la que habitamos las esquinas, cómo se relacionan entre sí, la relación entre peatones y vehículos. Los comercios del entorno podrán abastecer los consumos espontáneos de los encuentros y los emprendimientos gastronómicos podrán tener su espacio de actividad La existencia de esquinas en todas las ciudades permitirá que la intervención se pueda replicar estratégicamente según las necesidades de cada barrio de Latinoamérica y el Caribe"

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