Entornos solidarios

Equipo: Tatiana Alejandra Tamayo Cardona, Edisson Johan Pérez Colorado
Descripción de la propuesta

En Colombia, desde el año 2004 se implementan los mercados campesinos, una iniciativa de varias organizaciones campesinas con la intención de reducir los intermediarios, que consiste en toldos temporales en los parques de las ciudades, en donde los pequeños agricultores, productores y artesanos de las áreas rurales venden sus productos los fines de semana. Inspirados en este modelo, proponemos pequeñas infraestructuras de auto-producción y de comercialización, que permitan a las personas en precariedad laboral de los barrios más afectados económicamente por la pandemia generar productos desde sus viviendas que posteriormente puedan ser comercializados a personas con mayores recursos de forma segura en las áreas comunes de sus conjuntos cerrados, con horarios y días específicos bajo todas las medidas de protección. Así, dos espacios de pequeña escala en puntos distintos de la ciudad se complementan en sus usos. Los módulos de producción se adosan a las fachadas de las viviendas para generar contacto con el escaso espacio público que hay en los barrios periféricos, creando un espacio temporal de trabajo, o expandiendo el existente, ya que si bien en la ciudad el modelo de vivienda productiva ya es común, este suele ser ‘a puerta cerrada’. Así, el trabajo también puede ser una oportunidad de otorgar apropiación y representatividad a los espacios públicos. Los módulos de comercialización se disponen en las áreas comunes de las unidades cerradas, llevando el modelo de los mercados campesinos o típicos “sanalejos” al espacio privado, generando un espacio de compra seguro entre vecinos. Este modelo de producción y comercialización funciona como una forma de transición a una reactivación económica y del contacto social

Desafío

Uno de los signos más evidentes de la desigualdad en Latinoamérica lo suponen las altas cifras de desempleo e informalidad laboral, que producen una alta ocupación del espacio público de los centros urbanos por medio de ventas informales. Así, uno de los mayores problemas generados durante la contingencia por la pandemia es la situación de hambruna causada por las sucesivas cuarentenas que limitan el empleo informal de millones de latinoamericanos que subsisten de las ventas diarias en el espacio público, en donde el tránsito constante y las aglomeraciones, dificultan el control de las medidas de bioseguridad e incrementan el riesgo de contagio. En contraste, las personas adineradas han recurrido a domicilios permanentes o a desplazamientos en sus automóviles hacia grandes superficies lejos de sus residencias, en donde también se corre un alto riesgo de contagio, en busca de bienes y servicios debido a que residen en unidades cerradas mono-funcionales en donde sólo hay viviendas. En un contexto específico, las ciudades colombianas se dividen en estratos socioeconómicos: una clasificación del 1 al 6 con base a las características físicas de las viviendas y su entorno, correspondiendo el 1 a aquellos territorios con mayores niveles de pobreza, y el 6 a los que albergan a los ciudadanos con mayores recursos económicos (fuente: Dane). Este sistema, originalmente creado como una forma de facilitar el acceso de servicios públicos domiciliarios a los más pobres por medio de subsidios, con los años se ha convertido en factor de estigmatización, creando barreras invisibles en las ciudades que dificultan la mezcla entre ciudadanos y usos. La oportunidad radica en crear vínculos entre estas dos circunstancias dicotómicas que coexisten en un mismo territorio.

Potenciabilidad y Escalabilidad

"La desigualdad y la segregación socio-espacial son problemas comunes en toda Latinoamérica, por lo que nuestra propuesta puede ser pertinente en cualquier contexto urbano, siempre y cuando se tengan en cuenta las particularidades de cada lugar que deberán ser adaptadas al prototipo inicial, el cual es flexible en cuanto no restringe el tipo de uso y formas de trabajo o producción. Es modulable, de fácil ensamble y transporte, ampliándose o reduciéndose su tamaño de acuerdo a intereses y potencialidades de la comunidad a intervenir, y también replicable, cuantas veces sea necesario o posible. Inicialmente, en diálogo con los emprendimientos que acojan la propuesta, se adaptará el módulo de producción al tipo de uso necesario y a las características de la vivienda donde será instalado. Se espera que esta etapa no supere un mes y que en los dos meses siguientes a la prueba del prototipo, se pueda lograr su producción y paralelamente se puedan implementar las ventas. Posteriormente se hará una convocatoria a conjuntos de vivienda cerrados que deseen acoger la propuesta en concordancia con las medidas sanitarias vigentes, determinando el número de módulos a acoger, su ubicación dentro del conjunto y su horario de uso. Esta estrategia permitiría tener control del distanciamiento social necesario sobre pequeños grupos, pero también el desarrollo de actividades cotidianas como jornadas de compras y trabajo en sitios que no suelen ser utilizados para esto, reduciendo la exposición a grandes aglomeraciones. Los módulos se realizan en materiales reutilizables y de fácil limpieza: tubos de pvc-hidráulico de ¾ de pulgada de diámetro con sus respectivos accesorios (tee’s y codos), polietileno con filtro UV, láminas de policarbonato, materiales que permiten la asepsia requerida y la exhibición. "

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